Ver la timidez como un estado y no como una etiqueta, nos ayuda a superarla.

Recordemos la #FraseDeLaSemana de este pasado lunes: “No me gustan las etiquetas, te limitan y yo no quiero límites” de boca de la gran diva Madonna. Bien pues en coherencia con esa frase vamos a hablar a continuación de etiquetas, timidez y de los peligros de la auto condena a la que ellas nos llevan cuando nos describimos de esa manera.

¿Te consideras una persona tímida? o ¿A veces sientes timidez? Esta es una pregunta clave porque no es lo mismo hacerla de una manera o hacerla de otra.

La primera manera de hacerlo te está inculcando a que te etiquetes de una manera, con una característica, con la primera pregunta se está diciendo si eres o no eres tímid@. De la segunda manera se está dejando ver que la timidez no es una característica tuya propia, sino que en ciertas circunstancias te sientes de una manera, sientes una serie de emociones que son pasajeras porque sabemos que cuando pase esa circunstancia, ya no serás tímid@ sino que volverás a un estado anterior a esas emociones sentidas en esas circunstancias concretas.

¿Notas la diferencia?

Entonces, si vuelvo a preguntarte:

  • ¿Te consideras una persona tímida?
  • ¿A veces sientes timidez?

¿Con cuál de las dos preguntas sientes más comodidad para responder? O ¿Con cuál de las dos preguntas se sientes más identificado o identificada?

A continuación vamos a ver por qué es un inconveniente hacernos la primera pregunta y no la segunda.

Persona poniendo las manos ante su cara para no ser fotografiada.

Fuente: Unsplash.com

Es necesario tomar conciencia sobre el hecho de que la timidez no es una característica de la personalidad como sí lo es la introversión y existen diversas diferencias entre un concepto y otro, aunque sean tremendamente similares. Hablaremos las diferencias entre los dos conceptos de otro en un post futuro.

Las personas no son tímidas, sino que en ciertas circunstancias sienten una serie de emociones etiquetadas como timidez, o mejor dicho, no eres una persona tímida, sino que a veces, sientes timidez. Otra cosa es que cada persona sienta esa timidez con más elevados niveles de intensidad o más a menudo que otras.

Es cierto que solemos decir “Es que soy tímido”, sin embargo si nos paramos a pensarlo detenidamente, en el momento en el que afirmamos cualquier cosa después del “YO SOY” estamos creando algo en nosotros que será permanente en el tiempo hasta que tomemos la decisión de dejar de serlo y esa decisión es solo nuestra, de nadie más.

No es lo mismo si digo “Yo soy bajita”, a si digo “Yo soy tímida” porque si soy bajita y es algo que no puedo cambiar, seguiré siendo bajita hasta el día de mi muerte, aunque también dependerá de cuál es la estatura media del lugar en el que vivo, que es lo que me hará más o menos bajita con respecto al resto de habitantes. Sin embargo, si digo que soy tímida estoy condenándome a ser tímida para siempre, a no ser que caiga en la cuenta de que la timidez es algo que puede trabajarse, superarse o mejorarse en gran medida como para hacer grandes cambios en mí y en mis resultados. Esta es una de las diferencias entre la timidez y el concepto de introversión. Mientras la introversión no se supera porque no es un estado que pueda ser pasajero, sino una característica o rasgo de la personalidad que irá siempre con nosotros como el hecho de ser rubio o moreno, la timidez sí puede superarse o mejorarse como para convertirnos en el tipo de personas que realmente nos llene ser.

Pero, ¿Es posible superar la timidez? La respuesta es un rotundo  “SÍ”, pero antes debemos hacernos de manera personal ¿Qué es para mí “superar” la timidez? Y podrás llegar a tu propia respuesta personal después de recomendarte que leas el post en el que hablo sobre ello “¿Es posible superar la timidez?”.

Así a continuación vamos a hablar sobre el efecto de las etiquetas en nosotros.

Archivo con cajones etiquetados.

Fuente: Unsplash.com

Para entender el efecto de las etiquetas podríamos hablar de experimentos que han demostrado el poder de las palabras a la hora de crear creencias en las personas, como por ejemplo el conocido “Efecto Pigmalión”. El efecto Pigmalión está enfocado en el poder de la palabra a las personas de nuestro entorno, sin embargo también nos puede hacer entender el poder de las palabras que usamos en nuestro propio lenguaje interior.

El efecto Pigmalión nos dice y nos demuestra que si repetimos continuamente a un niño mientras crece que es tonto, ese niño crecerá efectivamente creyendo que es tonto, obtendrá resultados en sus exámenes que le hagan sentir que no es suficientemente inteligente, porque ha de cumplir con aquello que le hemos dicho y muy probablemente cuando sea adulto, fracasará en todo o en casi todo lo que se proponga si es que se atreve a proponerse algo, porque creerá que es demasiado tonto como para lograr algo. Finalmente ese niño acabará teniendo una vida mediocre muy por debajo de lo que realmente habría podido crear si se hubiese sentido capaz. Bien, pues cuando nos ponemos etiquetas a nosotros mismos, estamos haciendo exactamente lo mismo que con el efecto Pigmalión, pero los responsables somos nosotros, no nadie de fuera. Es más, lo que nos digamos nosotros mismos siempre tendrá mucha más fuerza que cualquier cosa que nos pueda decir cualquier otra persona, porque lo que nos decimos nosotros será nuestra verdad absoluta. Si nos lo decimos nosotros, es que nuestro cerebro ya lo cree ciegamente.

Si no paramos de repetirnos a nosotros mismos y al resto de personas que nos rodean que “Somos tímid@s”, estamos creando una creencia muy difícil de eliminar si continuamos con ese lenguaje y esa creencia está creando nuestra realidad de manera continua.

Pero la buena noticia es que eso se puede revertir. Podemos revertir nuestras creencia y esas creencias se cambian cambiando nuestro lenguaje. Sabiendo ya esto, el resto será más fácil, solo tenemos que cambiar el modo en el que hablamos empezando por el modo en el que hablamos de nosotros mismos. Cuando hablas de ti misma o de ti mismo, ¿Cómo te describes? Párate a escucharte, puedes tomar una hoja y un bolígrafo y escribir como si te estuvieras presentando a alguien que acabas de conocer ¿Qué palabras utilizas? Cuando lo tengas escrito, léelo para ti, imagina que estás leyendo la presentación de otra persona y pregúntate ¿Me agrada esta persona? Párate a pensar por un momento si lo que dice esa persona de sí misma es amable, agradable o positivo. Si lo que cuenta de ella es atractivo a los oídos. Esto te dirá mucho sobre cómo te pueden estar percibiendo los demás cuando hablas de ti, cuando te describes.

Así que en el caso de que hayas descubierto que no hablas muy bien de ti mismo, a continuación vamos a ver un tip práctico que nos ayudará a comenzar a cambiar nuestra forma de hablar de nosotros, de describirnos y por lo tanto, de mostrarnos a los demás. Porque la manera en la que nos mostremos a los demás, será la etiqueta que dirá lo que “somos”.

TIP

Entonces, ¿Cuál es la manera de dejar de crear una nueva realidad con respecto a la etiqueta que nos hemos puesto? Cambiando nuestro vocabulario tanto cuando hablamos con los demás, como cuando hablamos con nosotros mismos. Por ejemplo, podemos cambiar la frase “Soy tímid@” por “En ciertas circunstancias siento timidez”. En ese momento estamos comenzando a crear otra realidad diferente, ahora estamos diciéndole a nuestro cerebro que no somos de cierta manera, sino que nos sentimos de cierta manera (que no es lo mismo) y que ese sentimiento es pasajero y moldeable si así lo deseamos.

A partir de ahora, en esos momentos el los que sientas esas emociones que reconoces en la timidez y sientes incomodidad como para evitarla o retirarte, puedes indicar “Esta situación me produce timidez” o “Me hace sentir incomodidad”. De esta manera estás indicando cómo te sientes y no lo que “eres”.

Al principio nos costará hacerlo porque tendremos que recordarlo y parar un momento para pensar antes de hablar. Sin embargo, cuando llevemos un tiempo haciéndolo de manera habitual nos habremos acostumbrado y llegará el momento en el que usaremos ese lenguaje de manera automática. Esa será la señal que nos indicará que nuestro cerebro ya comienza a creer de otra manera, ahora nuestro cerebro cree que nos encontramos en un estado pasajero y no que “somos” de cierta manera.

¿Te atreves a comenzar el cambio? ¡Cuéntame cómo te hablas en esas situaciones!

Eva María Arrabal Martín